Viernes, 03 Julio 2020

¿El legado de George Floyd?

George Floyd, no heredó riquezas ni privilegios sociales de inercias históricas basadas en el despojo y la expropiación mediante explotación. Quizás había entendido que el legado que había heredado, precedía y excedía el odio.

 

Por: Darwin Meléndez Cox**

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El día 13 de junio de este año, la revista The Economist dedicó su volumen al tema racial y al cambio social. El artículo editorial titulado “El poder de la protesta y el legado de George Floyd” (título original The power of protest and the legacy of George Floyd) llamó poderosamente mi atención. El primer párrafo del mencionado artículo termina sus líneas de este modo:

“Sin embargo, en su muerte, de repente se ha convertido en la piedra angular de un movimiento que se ha apoderado de todo Estados Unidos. Aún más notablemente, ha inspirado protestas en el extranjero, desde Brasil hasta Indonesia, y desde Francia hasta Australia. Su legado es la rica promesa de la reforma social. Es demasiado precioso para desperdiciarlo.” (Traducción propia)

 

No pude seguir leyendo. George Floyd nació en los Estados Unidos de América, un país que se proclama como la tierra de los libres y valientes: la tierra donde “todos los hombres son creados iguales”. Los legados de la orden ejecutiva del entonces presidente Abraham Lincoln que, fueron publicados el 22 de septiembre de 1862 conocida como la Proclamación de Emancipación, y la consiguiente Decimotercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos firmada en 1865, no jugaron a favor de la vida de George Floyd. Etiquetar su muerte como un “legado”, entraría en la tradición occidental y judeocristiana de querer encontrar salvación y significado a través de mártires, lo que evita la reflexión comprometida y el debate serio ante los niveles de injusticia en las estructuras de poder: totalmente desentendidos del presente, prometen una mejora salvífica futura.

 

Entiendo como legado el acto de transmitir identidad, ideas, posesiones y arte. No existe evidencia alguna que valide que, George Floyd quería que su vida fuera asfixiada fuera de él, por la rodilla de un oficial en su cuello por un tiempo de 8 minutos y 46 segundos, para así poder enviar un mensaje a los intolerantes y racistas acerca de cuán importante son las vidas de las personas negras. George Floyd entendió que, él iba a morir desde el momento en que los oficiales lo abordaron - ¡Me van a matar! - fue uno de sus primeros lamentos. En ese momento él entendió que no volvería a casa, con su esposa y su hija. (Ver: 'En Colombia también tenemos nuestros propios George Floyd')

 

La muerte de George Floyd fue una consecuencia del poder policial arbitrario, que se aplica con excesiva libertad en las comunidades pobres donde hay minorías. Fue un hombre que, desde el momento en que llegó la policía, estaba destinado a ser parte de la población carcelaria pero cuyo destino tuvo un cambio, y fue otra víctima fatal del abuso policial.

 

Sin ánimos de profundizar en un debate exhaustivo, valdría preguntar si lo que ahora llaman el “legado” de George Floyd, era realmente necesario. Si era necesario que muriera a manos de la policía para poder realmente traer el tema del racismo estructural otra vez a debate y que este sea presentado en los medios de comunicación de masas. ¿Cuántos legados de mujeres y hombres negros son necesarios para la tan anhelada reforma social? ¿No bastaron los años de prisión injusta de Nelson Mandela? A casi sesenta años de la muerte de Malcolm X y Martin Luther King Jr. ¿requerimos de más mártires que alimenten la promesa de igualdad y los sueños de hermandad de los que hablaba Martin? o ¿Es necesaria la plena seguridad de una muerte inminente como la tenía y denunció Malcolm? (Ver: 'Racismo: un monstruo que acecha')

 

En Estados Unidos la muerte de George Floyd reafirma la necesidad de una relectura de los legados de Martin Luther King Jr. y Malcolm X. Se debe comprender que quizás sea el legado de Martin la vía más segura para lograr el bienestar que tanto anhelamos en nuestras comunidades. El legado de Martin es uno que puede elevarse por encima del odio al opresor… es uno que lo confronta con su propia miseria y podredumbre. Como Malcolm, Martin también sentía ira y desprecio por las injusticias y, sin embargo, requirió fuerzas suprahumanas para poder convertir la ira en combustible de paz.

 

George Floyd, no heredó riquezas ni privilegios sociales de inercias históricas basadas en el despojo y la expropiación mediante explotación. Quizás había entendido que el legado que había heredado, precedía y excedía el odio.

 

Son ellos los que deben revisar su legado, recibir educación y civilización, no las minorías. Son ellos, los que en teoría heredaron las fuentes helénicas y judeocristianas, que ponen el amor y la virtud por encima de la existencia misma, los que deben ser confrontados con su sed de mártires y monumentos; para así entender que George Floyd no es un legado para que ellos por fin se eduquen, sino la prueba contundente del odio estructural por el que atravesó y sigue atravesando la comunidad negra.

 

**Magíster en Ciencias Económicas | Universidad Santo Tomás
Licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 *Fotografía: Cortesía.

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