Viernes, 31 Julio 2020

Tiempos de vida y muerte

Normalizar el conflicto no es una opción, pareciera que para los territorios afro e indígenas del país, los llamados “tiempos de calidad” no existieran y en nuestro día a día solo pudiéramos elegir entre “tiempos de vida y muerte”.

 

Por: Margareth Paz Valencia*

 

En Colombia, la violencia ha forjado el pasado y el presente de muchos colombianos, que pese a ser sujetos de especial protección, no cuentan con un respaldo más allá de lo consignado en el papel materializado en hermosas sentencias proferidas por las altas cortes (Corte suprema de justicia – Corte Constitucional – Concejo de Estado); uno de los aspectos que a destacar de la constitución de 1991, fue el reconcomiendo de los derechos de la población afrocolombiana e indígena.

 

La Corte Constitucional ha definido esta característica “sujetos de especial protección”, como la que ostentan aquellas personas que, debido a condiciones particulares, a saber, físicas, psicológicas o sociales, merecen un amparo reforzado en aras de lograr una igualdad real y efectiva. Por esto, ha establecido que entre los grupos de especial protección se encuentran los niños, los adolescentes, los ancianos, los disminuidos físicos, síquicos y sensoriales, las mujeres cabeza de familia, las personas desplazadas por la violencia, aquellas que se encuentran en extrema pobreza y todas aquellas personas que por su situación de debilidad manifiesta, se ubican en una posición de desigualdad material con respecto al resto de la población; motivo por el cual considera que la pertenencia a estos grupos poblacionales tiene una incidencia directa en la intensidad de la evaluación del perjuicio, habida cuenta que las condiciones de debilidad manifiestas obligan a un tratamiento preferencial en términos de acceso a los mecanismos judiciales de protección de derechos, a fin de garantizar la igualdad material a través de discriminaciones afirmativas a favor de los grupos mencionados; cuando se habla de discriminaciones afirmativas, se hace referencia a la aplicación de políticas o acciones encaminadas a favorecer ciertos grupos minoritarios o que históricamente hayan sufrido discriminación, con el principal objetivo de buscar el equilibrio de sus condiciones de vida al general de la población.

 

La jurisprudencia ha representado el mayor avance, pero es al Estado que le corresponde avanzar en acciones afirmativas efectivas para la protección y garantía especial de estos sujetos y sus derechos, en aplicación del principio/derecho a la igualdad de oportunidades y la no discriminación.

 

Hace más de 500 años los territorios afro e indígenas de este país han cargado con la violencia, la mala muerte, el racismo, la discriminación, la descalificación y el desconocimiento de nuestra existencia, la no aceptación de lo diverso. Tanto es el rechazo de nuestros modos de vida culturales y espirituales, que nos han obligado a abandonar la idea de lo nuestro de lo propio, llegando al punto de rechazarlas y tacharlas como malas o dañinas.

 

Con todo esto de la pandemia, el conflicto armado y sus diversas formas de manifestación no cesaron y al igual que siempre, ha golpeado de forma contundente con la gente de unos “territorios afro e indígenas”.

 

Normalizar el conflicto no es una opción, pareciera que para los territorios afro e indígenas del país los tiempos de calidad no existieran y en nuestro día a día solo pudiéramos elegir entre “tiempos de vida y muerte” y muchos preguntarán; ¿Margareth y cuándo estamos vivos?

 

Estamos vivos cuando podemos respirar, pero resulta que hace más de 500 años los territorios afro e indígenas de este país les han condicionado su forma de respirar, teniendo en cuenta que detrás de toda forma de discriminación e invisibilidad se esconde una opresión, una opresión que solo nos genera “tiempos de vida y muerte”. No se puede olvidar que hemos luchado por el reconocimiento y respeto a la vida, los derechos, los territorios y por ser dignificados en nuestro papel trascendental en la construcción de la paz en Colombia.

 

Vale la pena preguntarnos; ¿Cuáles son las políticas públicas definidas por el Gobierno Nacional para la guarda y protección efectiva de la vida digna y honra dentro y fuera de los territorios? ¿A caso el Estado colombiano ha resarcido esa deuda histórica que tiene con los territorios afro e indígenas? ¿Qué tanto nos hemos interesado por conocer nuestra historia y reconocer que ella hace parte de nosotros? ¿Hasta cuándo los territorios afro e indígenas continuarán siendo cuota de la criminalidad y marginalidad en este país?

 

Nos dijeron quédate en casa, pero el conflicto armado y sus diversas formas de manifestación en los territorios afro e indígenas no entró en confinamiento. Llevamos décadas luchando contra un problema que se originó casa afuera (racismo), pero quienes lo crearon y padecen, no tienen el más mínimo interés en educarse y aprender a respetar lo diferente.

 

"La diversidad en la familia humana debe ser la causa del amor y la armonía, como lo es en la música, donde muchas notas diferentes se combinan en la creación de un acorde perfecto". Autor desconocido.

 

 

*Abogada.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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