Domingo, 11 Junio 2017

Ruta ancestral 2017, Compartiendo la palabra

 

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La ruta ancestral es un recorrido para volver a mirar las plantas, los árboles, los murales y caminos que recorremos repetidamente en la Universidad de Antioquia, pero que en el afán o la distracción de los días, no nos percatamos de la diversidad de árboles que aún se encuentran allí, ni de las posturas políticas que van definiendo nuestra alma máter y de quienes la habitamos.

 

 

Por: Laura Oviedo Castrillón

Estudiante de Antropología UdeA

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El sol había sido cubierto por los grandes nubarrones que daban la sombra en el campus de la Universidad de Antioquia.  Llegaron los guías o “embajadores” de la Universidad como son llamados, y seguidamente se fueron acercando más personas.  Antes de iniciar “La Ruta Ancestral” llegaron dos profesores de la Facultad de Educación: Selnich Vivas,  Alexander Yarza y la facilitadora de la enseñanza en êbêra Chamí , Lida Yagarí, quien viene del territorio indígena de Cristianía, municipio de Jardín Antioquia, y después de hacer la introducción en êbêra y español, nos invitó a danzar después del recorrido.  Ellos junto a otras personas cargaban un gran cartel, que nos decía y recordaba a todos los participantes y aquellos que nos vieron caminar por la universidad que “En la U hablamos lenguas ancestrales”, situación que no es común en la mayoría de universidades del país, inclusive para muchos estudiantes es extraño estudiar con una persona indígena.   A la vez y desde ese discurso se empieza a impulsar procesos de acercamiento y reconocimiento hacia las lenguas nativas de Colombia.   

Desde el Teatro al Aire Libre iniciamos el recorrido hacia “la guadua” como es llamada en la lengua española, o juco para el pueblo Camëntsá en donde nos hicieron un llamado a darnos cuenta de cómo el territorio se transforma, aunque algunos despistados no nos demos cuenta, pero para otros es fundamental la preservación del mismo, la defensa del territorio que está vinculado con su lengua, sus creencias, su espiritualidad, su orden social, su vínculo con la tierra.  Lida Yagarí agregó que “la guadua”, que en su lengua suena como [Siuru],  sirve para muchas cosas, entre ellas lo utilizan los médicos tradicionales cuando hacen sus rituales, también lo utilizan como flecha y como bastones de mando.  Pasamos hacia el árbol carbonero que se encuentra en el Parque del Che, y continuamos nuestro caminar, reflexionando sobre un mural cuyo mensaje es: “liberar la madre tierra es un mandato popular”, y Juan Pablo un guía cultural indígena, hizo el llamado a luchar por la defensa de la interculturalidad del país, para llegar a la libertad de la madre tierra. 

 

 

Nos acercamos al árbol llamado bleo, que tiene unas hojas comestibles y las utilizan en la Costa Caribe, especialmente por tradición culinaria afrodescendiente, que la utilizan como un condimento: la pican y la hierven, exactamente como la espinaca.  La guía cultural apuntó que Joaquín un hombre de San Basilio de Palenque le cuenta que cuando a ellos los trajeron de África se vinieron sin ropa, sin enseres, pero con su conocimiento, entre los que se destaca lo referido a las plantas medicinales que les permitió sobrevivir en ese lugar.  Tanto que hasta hace poco, reconocían 64 plantas y ahora solo la mitad, lastimosamente.  Fue en ese lugar agreste, a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Cartagena, en Bolívar, donde aún se va la luz y el agua de vez en cuando, donde pervive la leyenda de Benkos Biohó.  ¿Quién era él?  Según se relata, él era un príncipe en su tierra, pero cuando lo capturaron los esclavistas fueron “mezclados” con muchos más afrodescendientes, que hablaban diversas lenguas, en los galeones para que no pudieran comunicarse, durante meses.   Muchos murieron en esos viajes, y cuando llegó a América en 1596 se volvió un insurrecto que reza en un mural detrás de la biblioteca de la UdeA: “Mi apellido ofendido, mi nombre humillado, mi estado civil Rebeldía”.  De esta manera, la idea difundida en los colegios (su curriculum oculto) donde el movimiento independentista inició con los criollos queda falseado con este tipo de historias.  Finalmente el exponente nos deja la pregunta de si ¿en realidad en Colombia si se ve la multiculturalidad?

Con la pregunta en el aire, un guía cultural nos cuestiona si de casualidad nos hemos preguntado sobre el mural del artista Pedro Nel Gómez, que se encuentra en un lado de la Biblioteca Carlos Gaviria, donde se resalta la importancia de la mujer, los conocimientos de las comunidades indígenas y la relación que se establece con el conocimiento occidental.  A su vez, la representación de algunos indígenas Tukanos (al parecer) adorando el sol, que es el dios y el padre de la fertilidad, por lo tanto él es el que fecunda la madre tierra y es el punto nodal de toda su cosmogonía, por ejemplo en el Vaupés.  

Caminando hacia el frente del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia (El MUUA), se encuentra un alto árbol que ha sido muy preciado por las culturas milenarias de Asia y Europa, pues proviene de la Polinesia, donde es conocida hace más de 3500 años.  Este árbol contiene un fruto que se llama Yaca y tiene unas semillas, que al caer se ven como si fueran una mogolla y sueltan muchas semillitas como tipo guanábana, utilizándose seca, molida y también cocida, cuyo nombre es el árbol del pan.  Durante el “encubrimiento de América” (Millacura, C. 2015) cobra un uso muy importante sus frutos y semillas, que podía alimentar las colonias de esclavos de los españoles en América.  Actualmente, una de las participantes cuenta que el fruto se cocina y se realizan unas arepas “muy ricas” al carbón, cuyas propiedades dan mucha sensación de saciedad para largas jornadas.  También en México se realiza un agua de Yaca con la pulpa del fruto.

 

 

En el compartir de la palabra de esta Ruta Ancestral, pasamos por el árbol de limones, sus poros que resaltan mirando sus hojas hacia arriba y los usos de la semilla del limón para el dolor de muela y de cabeza, y para recibir las malas energías que llegan a las casas, sumergiéndolos en un recipiente en agua que se ubica en la entrada.  A su vez, recordar a Orlando Fals Borda, un sociólogo colombiano cuyos trabajos académicos y políticos en la Costa colombiana, nos ha dejado el legado de una metodología que involucra al otro y al propio investigador la IAP (Investigación Acción Participativa),  en un diálogo de saberes donde cada una de las partes se transforma, porque necesariamente aniquilar, eliminar y olvidar al otro pasa por la indiferencia hacia su lenguaje, su mundo mitológico, sus plantas medicinales, su alimentación, su vestuario, su maquillaje, entre otras cosas; que son denigrados con términos como “salvaje”, “primitivo”, “pobre”, “ignorante” o “inútil”; pues acercarse a esa diversidad de concepciones sobre el propio mundo, nos haría más respetuosos de la vida de todos los seres vivientes y de la tierra, pues a ella siempre volvemos.

 

*Fotografías: Xiomara Tejada Tejada

 

Millacura Salas, Claudio (2015) “¿Encubrimiento o Descubrimiento?”. Material del curso "Nuevas miradas sobre Género y Etnicidad", impartido en UAbierta, Universidad de Chile.

 

 

 

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