Miércoles, 22 Abril 2020

Del infierno del mundo blanco: cuna y portador de pandemias

Y como si esto se tratara de una expiación a título de la divinidad y no de una pandemia arrasando con la humanidad, la dulce voz de mi progenitor al otro lado del teléfono, me recuerda que justicia es: dar a cada quien la porción de lo que le corresponde.

Por: Fares Montaño*

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La elaboración de este texto no trata sobre un tema escrito para parecer “políticamente correcta”, tampoco se acerca al constante diálogo del “ser” y el “deber ser”, mucho menos es una columna de opinión hecha desde mi visión. Tampoco quisiera que fuera interpretada bajo la luz de “juicios de valor sentimentalistas” o esperando que su protagonista sea castigado por el dios de los colonos por atreverse a tanto, o peor aún sacando el as bajo la manga de “los fulanos resentidos”, aquí no se habla de la moral, la ética, el karma, ni las venganzas. Aquí dejaremos ver cómo el análisis de un hombre con total autoridad por conocimiento de causa; aquí expondré los pensamientos más íntimos de mi padre como un regalo de él para mí.

 

Este documento, que realmente es una conversación telefónica que he transcrito con autorización de mi interlocutor, trata más bien, de un hombre con un discurso político profundamente incandescente que habla desde las experiencias que le cruzaron la vida siendo un hombre más negro que la lava, más hermoso que la serendibite y que tal vez sus palabras permitirán que los que no pueden decirlo, sepan que alguien más lo dijo por ellos.

 

Día de mis cumpleaños número 32, suena mi teléfono, veo en la pantalla de este, que es el número de mi madre, pero al contestar, escucho la voz de ese don. Yo sonrío.

 

Mi Padre:
«Mija, para que sepa, siempre que uno da algo, debe recibir algo a cambio, así sea las gracias. Cuando usted toma algo, debe dar algo a cambio, cuando hay una acción, debe haber una reacción. Se supone que son obviedades, aunque la gente casi no lo nota en este tiempo. Mientras una anciana muere, en algún otro lugar se escuchará el llanto de un bebé que nace. Principios de física sí, y también del mundo: siempre debe haber equilibrio»

 

Yo:
Pienso mientras escucho en silencio, que no me sorprende que inicie una conversación tan robusta. Así, como siempre, de la nada.

Yo:
«Entiendo, sí»

 

Mi Padre:
«A mí me parece que esto de la pandemia del Covid-19 es tal vez... no lo sé, ustedes son más estudiados que uno. Pero a mí me parece que lo de este virus llega para equilibrar todo lo que hicieron los europeos con nosotros, todo eso a lo que nos sometieron. No es casualidad que se mueran los de 60, los de 70, los de 90 años. Esos mismos que ahora están en una cama vinieron aquí a hacer y deshacer, mire todo lo que hicieron en Brasil, en Norteamérica, en Cuba; aquí en Colombia. Todo lo que mis ancestros pasaron en esas plantaciones. Eso no es como lo cuentan en los libros de historia de los blancos; eso fue más bravo. Hubo una vez en la que nos lanzaban por la borda de los barcos negreros transatlánticos para alivianar el peso de la misma y evitar el hundimiento de la embarcación; ahora entre ellos deben escoger quién vive y quién muere. Quien es apto para un respirador y quien no lo merece para evitar el colapso de sus sistemas sanitarios ¡vaya!

 

El homicidio no nace a manos de la gente negra, nunca, usted jamás verá en la historia que los asesinatos eran cosa de gente negra, era cuestión de poder y autoridad a manos de gente blanca...siempre ha sido así, cuantas oportunidades no tuvimos en las cocinas, en los establos, en los patios traseros de acabar con el amo blanco; pero siempre elegimos huir antes de tomar la vida de otro»

 

Yo:
«Lo veo, si señor»

 

Mi Padre:
«Ahora mija, cuando vienen los gringos aquí ¿qué es lo primero que le dicen a uno? "mi papá, mi abuelo vino a estas tierras y ayudó a construir esta estructura, estas calles, estas plazas; esto o aquello”. Esos que te hablan con orgullo lo que hicieron sus padres, abuelos y bisabuelos, son los que ahora están tirados en esas camas, padeciendo esta cosa de la pandemia; respirando cortito, con dolor en los pulmones, a la espera de que alguien de ellos mismos les permita vivir, así como iban los ancianos, a la espera de poder coger aire, hacinados en los barcos negreros, que curioso porque la cama de los hospitales y como regla general va en posición horizontal; a los ancestros también los llevaban en posición horizontal, en esas literas con el mínimo de espacio. Llenos de humedad, tal vez el que tenía encima ya iba muerto, descompuesto. Supongo que así se conocía el olor real de la muerte»

 

Yo:
En silencio.

 

Mi Padre:
«En fin, ahora no habrá quien les sostenga la mano, mueren por miles al día y mueren solos. ¿Se acuerda cómo fue para nosotros? Nos quitaron a la madre y al padre, nos secuestraron, enjaulados como animales, en altamar por meses y meses solos, como ellos ahora en sus preciosos hospitales equipados, solos. ¿Cuestión de equilibrio?

 

Es irrisorio porque ellos mismos crearon las religiones: ellos mismos no tendrán un solo sepelio en paz. Que duro les ha de ser no poder honrar su Semana Santa pagana, como nosotros nunca más pudimos celebrar lo nuestro. Ya no hay sacerdote pá los Santos Óleos, no habrá viuda que los llore al pie de la cama. A mis ancestros tampoco los pudieron enterrar como mandaba la ceremonia, ¿ahora entiende qué está pasando?»

 

Yo:
«Eso intento papá»

 

Mi Padre:
«De todas formas, mija, yo esto lo sé muy bien y es que ellos, los blancos han sido cuna de las pestes, con ellos nacieron las enfermedades, ellos son su propia manifestación de plagas. El capitalismo es una de ellas...comandada por ellos, adorada por ellos. Por eso la gente negra debe conseguir plata, dinero, poder económico, para hacer otros caminos y salir de la pobreza, acceder a la educación... es cuestión de equilibrio. Como le decía, observe cuando la corona de ellos mandó al delincuente de Cristóbal Colón y sus pares a las Américas… ¿No trajeron con ellos muchas pestes como la viruela según las expediciones?… Lea eso negrita linda, ¡ELLOS MISMOS SON LA PROPIA ENFERMEDAD!

 

Mire “la casualidad”, la peste negra que también fue de los españoles pero otorgada por los chinos a través de las ratas de los barcos comerciales, yo leí que eso acabó con gran parte de la humanidad en su tiempo. Vuelve y se repite.

 

Observe cómo el gigante asiático, (porque así lo llaman los demás países), calladitos se enriquecen a costillas del resto de la humanidad, de sus tragedias; como en su propia perversión se dan el lujo de contaminar el material de protección que las demás naciones han comprado y que lloran para que lleguen en sus gigantes máquinas a sus continentes, ¡Ahhhh bueno!, ellos también acumulan razones, no importa su tecnología, no importa que nadie sepa qué sucede con ellos. Llegará el momento en que para los asiáticos deba haber un equilibrio. Tal vez por eso nunca serán personas que sepan ser felices. Su país les ordena ser esclavos de lo que dicta el neoliberalismo: producir como máquinas. Encerrados en fábricas. ¿Lo ve?»

 

Yo:
«Lo veo papá»

 

Mi Padre:
«Por otro lado, yo me imagino que los tales científicos europeos no han de tener respuesta a muchas cosas que han visto, ni las tendrán, algo como esto: que en Italia la gente negra no ha ido a las unidades de cuidados intensivos por el contagio del virus, y eso no tiene que ver con que seamos superiores genéticamente, eso no existe, tenemos la misma cantidad de huesos, de arterias, misma cantidad de dientes, el mismo código genético, la razón es porque es cuestión de equilibrio. Eso estaba ahí anotado, y lo que les falta»

 

Mi Padre (continúa la voz quebrada):
«Cuántas veces le dije al uno o al otro que me llamaran señor, ¡SEÑOR MONTAÑO!, no lo querían hacer, tratarme con respeto, cuántas veces tuve que explicarles a esos amarillos que para eso todos teníamos un nombre y apellido. Entonces mija, todo tiene una razón de ser, no sé, yo lo veo así. Tanto que hicieron, todo ese dolor, todo ese horror; los libros no hablan de todo lo que nos tocó, fue mucho más de lo que nos enteramos, la academia ha sido controlada y producida por ellos. pero no fue exactamente así, fue más horrible; el cine no muestra cómo realmente fue, eso está suavizado o romantizado, como dice usted. Es que me acuerdo cuando yo era niño»

 

Yo:
Siento que no tengo nada que decir, me quedo en silencio.

 

Mi Padre:
«¿Acaso Haití no sigue sufriendo cada día, todos los días las secuelas? Todo es horrible allí, ¿en pleno año 2020 no seguimos padeciendo el horror de los blancos?, ¿qué significa querer probar sus posibles vacunas en la gente negra del continente africano?, ¿qué significa la muerte de los afroamericanos con esta pandemia? ¿Ambas cosas no es la continuidad del genocidio para nosotros? Al día de hoy sigue habiendo venta de gente negra en Libia, gente esclavizada que irá a parar a Europa... entonces siguen acumulando razones.

 

No me diga que esto tiene que ver con un simple virus creado por alguien, ni tampoco de un murciélago que alguien se comió, pero me pregunto yo, ¿acaso todo el oro que se llevaron de aquí les ha servido para detener esta pandemia?, ¿acaso toda su tecnología les ha servido para protegerse?, acaso todas sus grandes infraestructuras que las hicimos nosotros con sangre, con tortura, secuestrados ¿les ha servido para algo? ¡No!, y nos les servirá porque esto va más allá de las cosas físicas»

 

Yo:
«Es posible, si señor» 

 

Mi Padre:
«Yo no soy un estudiado como ustedes, yo creo que ustedes deben seguir en sus luchas, es necesario y alguien tiene que hacerlo, es más, creo que yo no veré la recompensa, hija, tal vez usted tampoco vea los resultados, pero hay que pelear, seguir, porque tal vez sus hijos si recojan la cosecha. Por eso ustedes son como son, cada joven negro que conozco es así. Con esas formas. Yo sé que no es altanería, rabia, ni ego, ni resentimiento. Yo entiendo el porqué. Por eso, lo que sí puedo decir es que a veces hay que recordarles a esos blancos, quienes son y también quienes fueron.

 

Me despido mija, sé que es tarde allá, quiero que sepa que aquí todos estamos bien. Espero que pase un buen cumpleaños. Luego celebra.

 

Yo:
«Padre, ¿bendición?»

 

Mi Padre:
«Dios te bendiga hija, recuerda que te amo negrita linda»

 

Yo:
Finalizo la llamada, me quedo pensando que mi papá y mi mamá son y serán el sueño de cualquier hija, de cualquier hijo. Recuerdo cuando era niña, las veces que mi papá me hacía leer para él, no porque no supiera, sino porque creo que le gustaba escucharme, sonrío.

 

Antes de finalizar la última palabra de este texto, reviso la fecha, la hora y veo las cifras en un canal oficial de noticias en la web. No quiero olvidar este día para poder contarle a mis hijos lo que pasó.

 

Qué curioso el análisis de mi papá y qué curioso que la internet de este planeta dice que Europa ha aportado un 70% de las muertes de personas en el mundo con esta pandemia. También leo que al día 13 de abril 2020, casualmente día de cumpleaños de mi padre hay 20.020 muertes sólo en esta dizque "madre patria" donde me encuentro.

 

También estoy feliz porque será un día soleado, ha llegado la primavera dice el calendario.

 

 

*Fares Montaño David: Líder del proceso organizativo ENNyE, activista, afrofeminista, defensora de derechos humanos - Amnistía Internacional.

  

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografía: Cortesía.

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